Ricardo Dávila 

Nace en cuenca en el año de 1955. Desde su infancia encuentra en la pintura una manera de hablar, de oír, de atrapar y al mismo tiempo reescribir la realidad. Gracias a un amor de adolescencia, descubre que es capaz de trasladar al papel la minuciosidad de un rostro. Este es el inicio no sólo de un sentimiento sino también de su carrera artística.

Se vuelve un pintor incansable, un buscador de la forma y el color, cae en cuenta que la aventura del arte le permite también solventar la aventura de vivir. Inició su trabajo siguiendo los pasos los indigenistas ecuatorianos. Pronto, sin embargo descubrió el poder inventivo y la energía Pablo Picasso. No obstante el influjo del gran artista español lo llevó a un callejón sin salida. En palabras del artista “temí no poder salir del mundo picassiano pero el retorno a lo vivido en la infancia: el contacto con la naturaleza fue lo que en verdad permitió que encontrará mi singularidad como pintor”. Desde entonces, su arte es una celebración de la naturaleza, una exaltación de las caprichosas líneas florales, del color en movimiento, así como de la figura humana convertida en una presencia misteriosa qué espía esa misma naturaleza.

Curiosamente sus estudios de arquitectura le concedieron una mirada distinta para la pintura. Ha ejercido de arquitecto solamente en la restauración de la casona en que vive, lugar de encantadores espacios, que por sí solos hablan del pintor y su obra. Su arte no es producto del cálculo, sí de la paciencia y de constante observación. Dávila es un artista completo. Su vida está plasmada en formas y colores. Sus obsesiones plasmadas en sus lienzos. Es un hombre coherente con su sensibilidad, vive en la misma armonía de sus cuadros. Su entorno le permite un contacto indeleble con la naturaleza. La primera exposición la realiza cuando apenas tiene 22 años. Ha llevado su pintura por distintos rincones del planeta. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en Lima, Caracas, Valparaíso, Washington, Miami, Seúl y Ginebra.